martes, 29 de mayo de 2012

Entre líneas de los días

(Te)
Leo entre líneas en los días. Veo en el vuelo que no hacen los pájaros, en el salto que no dan los gatos. Descubro detrás de las cortinas del escenario de la vida, en el lienzo en negro de cada parpadeo. Guiño un ojo en plena función, yo también sé que todo es un guión. Encuentro en la dirección que no toman las nubes, en la Luna de los eclipses. Distingo el contorno del vuelo en la niebla, solo en la niebla. Veo en las calles desiertas después de las tormentas, en las mañanas de después de las fiestas. Busco en los instantes que hay entre un momento y otro, en todas las esperas de quien desespera. Espero en lugares ficticios, en la Puesta del Sol que no se pone. Allí donde no hay nadie, leo entre líneas. Entre líneas en los días, y en todos los vacíos de la vida. Todos los silencios que no tienen nombre, yo los nombro.
(...)

jueves, 24 de mayo de 2012

Guerra fría

Llevo unos días hablando en otro idioma, fuera de mí, fuera de aquí. En un extranjero que llevo dentro. A veces es exilio, otras veces patria. En ocasiones me gusta pensar que es el lugar del que fui desterrada. Sé su himno, sé su bandera, su escudo, sus normas, sus hábitos. He recorrido sus valles, subido sus montañas, me he bañado en sus aguas. He respirado su aire y el humo de sus incendios, he probado hasta sus besos. Parece que monté en un tren estando dormida. Y ahora estoy aquí, en mi extranjero, hablando un idioma que nadie entiende.

lunes, 21 de mayo de 2012

Mar de plata

Construimos un barco que llegaba hasta lo más alto, escalando. A bordo se podía ver el mar desde arriba, los peces convertidos en luciérnagas de mil colores distintos, el silencio de los grillos. Siempre se me reprochó el mirar a las estrellas y tener un frasco de cristal, en el que guardaba monedas en forma de ilusiones para un cohete pequeñito, de una sola plaza. Se me reprochó mirar a las estrellas y no a la tierra, se me reprochó querer despegar. 
Pero nunca se atrevieron a volar conmigo. 


Mis sueños siguen vivos. Miro, huelo, toco, escucho, entiendo. Sueño.


viernes, 18 de mayo de 2012

El Sur

Todos los días
por la mañana
te cantan mis golondrinas.
Todos los días se preguntan
qué fue de su África,
todos los días.
Dibujan piruetas
y después te miran
para saber qué piensas de ellas.
África, a mí me contaron
que tenías colores distintos:
cómo es que exhibes los grises
y escondes los vivos.
Todas las tardes
se reflejan mis golondrinas
en los espejos del Rift.
Todas las tardes se empeñan
en hacer volar la gaviota
de tu veleta.
África, tienes los ojos de Estrella
la más valiente
la más pequeña.

martes, 8 de mayo de 2012

Una constante más

A día de hoy me pienso
me rebusco y me rastreo
y no encuentro huellas
ni cicatrices
de aquella caída.
Quizás fue un contagio
y aunque no mortal
-ni lo será-
es crónico
repetido e inveterado.
Inextirpable.

domingo, 6 de mayo de 2012

La guerra ya ha terminado

Queridos ciudadanos, la guerra ya ha terminado.
Y parece que la hemos perdido.


Se ha mutilado la sensibilidad de la gente
las inquietudes de la mayoría
las nuevas ideas
la ilusión por aprender
la fe en los sueños
el luchar por lo que creemos
-y por lo que queremos.
La moral
la empatía
la bondad.
El interés y gusto por el arte -de verdad
el sentido crítico y el sentido común
las ganas, las ganas de cambiar el mundo
la educación
el civismo
las motivaciones.


Ha ganado la vagancia
y la dejadez
el saber cuanto menos mejor
el hacer cuanto menos, mejor.
Preferimos cantidad a calidad
superficie a profundidad.
Ya no se busca el ser alguien,
se busca el parecer ser alguien.
Publicamos fotos sin cesar de todo lo que hacemos
algunos parece que tan solo hacen para decir que hacen.
Se lleva mostrarse, pero no demostrarse.
Están de moda las palabras, pero no las acciones.


Hemos perdido de vista nuestros derechos
y nuestras obligaciones.
Queremos aspirar a mucho
con poco esfuerzo.
Dejar huella en la vida ya no es nuestro objetivo
más bien que quede en el olvido.


¿Pero saben qué?
Aún quedan supervivientes,
yo sé que quedan supervivientes.
Y ahora toca moverse.


domingo, 29 de abril de 2012

Reflejo de una historia

Estoy jubilado aunque no quiero estarlo. Tengo ilusión por la vida y –aún a mis 65- ganas de cambiar el mundo. Confío en que se puede hacer y es más: tengo un plan para para ello.

Creo que falta magia en el mundo y nosotros, los maestros, tenemos un poder privilegiado. Me duele pensar que la vida está dividida en edades, detesto la expresión “es cosa de niños” y la gente que se ha hecho mayor de espíritu. Pero ya me he cansado de gritarlo, ahora lo llevo por dentro. Me siento incomprendido, frustrado, desencantado. Y mi única esperanza o vía de escape está en los niños: ellos aún tienen esa ilusión y todavía se les puede decir que la magia existe sin que frunzan el ceño. A pesar de todo sigo vivo por dentro  y me juré a mí mismo que sería feliz y que mis inquietudes morirían el mismo día que yo lo hiciera. 

 Su mujer se enamoró de su espíritu incansable, de sus inquietudes, de su “todo es posible” y, ante todo, del Peter Pan que llevaba dentro. Se enamoró de la ruptura que hizo con todos los esquemas que ella tenía en la cabeza y que siempre la hicieron menos libre. Él le dio las alas y le hizo ver que la vida era un cielo en el que tenía la oportunidad de volar. Después de tantos años, ella lo ama como aquel 28 de febrero.

lunes, 16 de abril de 2012

Tengo un pasado

Tengo un pasado que no quiere morir
que se empeña en existir.
Tengo un pasado que quiere ser presente
que no quiere ser pasado. 
Tengo un pasado mudo 
que sigue gritando.
Se cree vivo
y no es más que un muñeco de trapo.
Ya no aparece en mis sueños
salvo en pesadillas.
Ya no caigo en su recuerdo
salvo cuando entristezco.
Ya no pienso en él
sino cuando tengo miedo.
Tengo un pasado que no quiere ver
que ya no le hago caso.
Tengo en la memoria una serie de recuerdos
a los que no dejan dormir.
Y ellos piden paz,
que los dejen descansar en paz.

sábado, 7 de abril de 2012

No lo era, no lo somos



Detrás de los setos, con un catalejo. Me pongo en el sentido contrario al que sopla el viento, para que no delate mi olor, y le pido a hurtadillas que le dé de mi parte un empujón. Que ese pájaro levante el vuelo, que se sepa ya cisne el patito feo. Cisne.
Yo no puedo más que ser furtiva en este asunto y jugar a entreverme sin detenerme. Yo no puedo más que desear que pase el tiempo tan rápido como le sea posible y nos haga saltar de estación en estación. Y así despierte al olvido y con un cuento de hadas haga dormir la evocación.

Quizás el problema está en que aún no hemos asumido que ya no somos niños.

viernes, 30 de marzo de 2012

Mi África y mi península

Si te veo me salta el corazón
sobrecogido
como si se despertara de su latido.
En tu cuerpo mi exilio
en tu sexo mi libertad
en tus ojos mi galaxia.
Tu piel mi patria
tu boca mi miel
tus manos mi cuerpo.
Eres adónde voy y de dónde vengo
con quién estoy y a quién espero.
Soy pisadas de elefante
y nervios de golondrina.
Eres mi África y mi península.

sábado, 17 de marzo de 2012

Por qué suenan trompetas, si yo quiero una gaita.

No entiendo por qué los nervios me recorren por dentro, como quien sale al escenario, como quien espera el disparo de salida. Por qué me siento pisar territorio ajeno cuando es el mío. Por qué distingo aún las huellas en el asfalto, el olor sin oxígeno, el sonido de las trompetas en la tarde. Oigo pero no escucho las palabras que me llegan, salgo y entro de ellas, pues temo el acecho de las pisadas quietas en cuatro ruedas. Mi reflejo decide habitar un espejo distinto y mis ojos recorrer caminos en los que estuvieron perdidos. Me vuelvo loca, me echo las manos a la cabeza, respiro algo tóxico que despierta mis entrañas, oigo un agudo constante que me rompe los tímpanos, una señal que me llega hasta dentro y se me mete en el espíritu. 

Espíritus, en esta casa de vivos. Exorcismo. Socorro, auxilio. 




lunes, 12 de marzo de 2012

Vorágine

Jamás los días tuvieron tantas horas. En cada segundo pasa un día de colegio. Entro, salgo, corro, vuelvo. Vuelo.  Llego a casa con el olor a tiza metido en el cuerpo. Doy con mil nombres desconocidos, con mil llamadas de teléfono, con mil ojos nuevos. Cruzarme en la calle con personas a las que he hablado y ninguna de las dos saberlo. Pasar por debajo del puente repasando lo que he aprendido, imaginando lo que voy a aprender. Volar de una etapa a otra, que el Sol se cuele en el autobús del Ecuador, que me acompañe en mi balanceo. Aparecen dinosaurios en las clases; y daltónicos, y astigmáticos, y docentes grafiteras con tatuajes de pisadas de gato. He descubierto algo que no estaba previsto, mas no han visto de mí lo que yo quiero mostrar. Tengo un dilema moral.
Los refugios de la calma vienen en pequeñas dosis, el fin de semana en trufas de chocolate.

No tengo tiempo para buscarme
ni para encontrarme.
Pero sé que estoy donde, como, y con quien quiero estar.

sábado, 4 de febrero de 2012

Ciento ochenta grados

Esa noche decidí emborracharme. Le quité los retrovisores a todos los coches, me hice con los mecanismos de las marchas atrás, con los botones de rebobinar, con las opciones de volver atrás. Cogí los caminos que eran de vuelta y las copias de seguridad que había en la papelera. Me esmeré en buscar y recoger todas y cada una de mis huellas. Cuando creí tenerlo todo, lo guardé en una cajita de madera, la cerré con fuerza y corrí. Corrí antes de que mi mente estuviera demasiado cuerda, describiendo laberintos, buscando un lugar donde esconder todo lo que había cogido. 
A la mañana siguiente me desperté con dolor de cabeza, con una especie de resaca de recuerdos minuciosamente olvidados. Pero además, pasaba algo extraño: siempre que me volvía para ver lo que tenía detrás no conseguía ver más que lo que tenía delante. Ahora mi mundo tan solo parecía tener ciento ochenta grados, vivía en dos semicírculos gemelos.

jueves, 2 de febrero de 2012

Mensaje en una botella


Y desde el mar vi cómo por fin aquella orilla comenzó a encoger. Cada día se hacía más y más pequeña hasta que un atardecer, desapareció con el Sol. El tiempo remaba mi barca y yo aprendí a disfrutar del aire fresco que protagonizaba la brisa. No volví a toparme con canciones de sirenas, ni tempestades inventadas, ni piratas ni naufragios. Encontré en las olas la mecedora del mar, la marea se convirtió en mi reloj de pulsera y la calma en el agua el espejo de la Luna en la noche. Desconocía a dónde me arrastraba la corriente ni qué tierra sería la primera que vería. Ignorar dónde me encontraba me traía sin cuidado pues tampoco sabía más que por el día dónde estaba el sur y el norte. Pero estaba segura de una cosa; y es que mientras hubiese ermitaños a los que espiar e islas de cojines que conquistar, estuviese donde estuviese, estaría en casa.

viernes, 27 de enero de 2012

Las golondrinas son mi estación

Si alguien conoce al autor de este cuadro, ¡hágamelo saber!
Ya se podía ver el fin del curso y las vacaciones de verano estaban a punto de llegar. Mi despertador entonces sonaba tal que así: "¡Tisuí, tisuí!" La luz que entraba por la ventana ya podía sustituir a la de la lámpara. Ya no me daba frío al vestirme y lo hacía mucho más rápido, ya que por fin sacaba la ropa de verano del armario. Desayunaba delante de la ventana, como todas las mañanas. Solo que ahora estaba abierta: el aire de la calle se colaba en la cocina y me dejaba percibir el olor azul de las golondrinas. Quizás yo no lo sabía entonces, pero me encantaba. Y en lugar de prestarle atención al televisor, mi mirada se quedaba atrapada en el cielo observando el revoloteo nervioso que se traían. "¡Tisuí, tisuí!" A pesar de las ganas que tenía de empezar el día, me distraían de tal modo que papá siempre andaba metiéndome prisa, repitiendo una y otra vez su "vas a llegar tarde a la escuela". 
Me gustaba saber que el día no acabaría hasta volver a verlas volar nerviosas alrededor del campanario de la iglesia, cuyas campanas daban las nueve, o las nueve y media, o incluso las diez, entre "tisuí" y "tisuí".


jueves, 26 de enero de 2012

Versículo 1.9

Hacer de mis paredes un santuario
del sentimiento mi religión, mi Dios eterno.
Mi fe, la magia de lo inopinado
mi biblia, los recuerdos.
Ocultar oraciones dentro del arte,
visitar los lugares místicos como peregrinaje.
Mi mayor pecado, rezar tan solo en sueños,
no creer con toda mi alma en ello.

jueves, 19 de enero de 2012

Somos una ruta entre infinitas

A veces el mundo no gira a la velocidad que te gustaría, o en la dirección que te gustaría, o hace una parada cuando te gustaría. El mundo te ofrece sus posibilidades, nosotros debemos ser audaces en escoger.
En la vida ganamos tanto como perdemos. En el colegio deberían enseñarnos a perder con el mismo empeño con el que nos enseñan a ganar. Ya que a menudo se olvida, que elegir un camino siempre significa renunciar a otro. Los niños caprichosos lo quieren todo.

La vida es una compleja aglomeración de decisiones que entretejen lo que somos. Unas veces no estamos seguros, otras veces pondríamos la mano en el fuego, en ocasiones son accidentales y las hay sin nuestra autoría: resultado de haber seguido algún consejo. Pero sea como sea, la última palabra siempre es la nuestra.
Lo bueno que tiene todo esto, es que jamás sabremos lo que podríamos haber sido si hubiésemos elegido aquello otro, por lo que una vez estuvimos a punto de decantarnos. Nuestra visión siempre será unidireccional y nunca veremos lo que habrá al otro lado del camino por el que andamos. Yo prefiero no vivir el riesgo de mirar y descubrir que lo que he dejado atrás (o a un lado) me gusta más que lo que he escogido, aunque tenga que sacrificar lo satisfactorio de mirar y descubrir -o comprobar- que he acertado.
En el fondo, jamás sabremos si el camino por el que vamos es el nuestro. Por eso mismo, ¿por qué no vivir lo que elegimos como si siempre fuera un acierto?

Somos nuestro camino, somos lo que creemos nuestro destino, somos lo que hacemos, somos por dónde vamos, a quién conocemos, con quién hablamos. Somos lo que vemos, lo que queremos ver, somos lo que nos gusta y nos disgusta, lo que amamos y también lo que odiamos. 
Somos decisiones puntuales en el tiempo. Somos caminantes de lo que elegimos y a la vez -consciente o inconscientemente- camino de aquellos que nos han elegido.
Somos una ruta entre infinitas.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Cerillas




Cuando llegaba a la torre solía mirar a la ventana para comprobar la luz encendida. Siempre me fastidiaba que fuese blanca. Entonces comenzaba a rebuscar en las raíces del árbol unas cuantas piedras. Que no fuesen muy grandes, tampoco excesivamente pequeñas. Lo suficiente para llamar a la puerta. Y como quien lanza un pajarillo que se ha encontrado en el suelo, las lanzaba al aire. Nunca volaban a la primera y, de los tres intentos, tan solo sabía decir toc-toc la tercera. A veces, y solo a veces, se escapaba el humo del interior. Entonces mi piedra llegaba, cual mensaje en su botella, hasta la misma orilla del color.
El interludio era una fusión en azul; no importaba qué música lo precediese, tampoco cuál fuese la siguiente. Después esquivaba un bosque de árboles civilizados con vetas en ámbar, y aunque me daba miedo la oscuridad siempre conseguía llegar hasta arriba. Tras nadar en el color que brotaba del vertical nevado, y recorrer cada centímetro cambiado, me sentaba en lo que el tiempo había convertido en erizo. Las palabras hablaban del viento, de la lluvia o el frío hasta que los ojos dejaban de apuntar hacia el suelo y el erizo se convertía en barco. 
Entonces se encendía el café. Y se apagaba el blanco.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Life Recipe

Vamos subiendo día tras día tan solo si queremos llegar hasta arriba. Hemos de saber que no conseguiremos nada que no nos hayamos propuesto. Alguien me dijo una vez que la diferencia entre lo posible y lo imposible es tan solo que lo segundo cuesta un poco más de tiempo; es que en lo posible vemos el camino a seguir y en lo imposible, primero tenemos que encontrar, palpando a ciegas, el sendero que más tarde deberemos recorrer. 
Caminar es ponerle metas a los pies. Vivir es retarse, al menos, una vez al día, durante todos los días de la vida.


Descubrir es
perder de vista por un instante el horizonte, 
y volverlo a encontrar.

sábado, 10 de diciembre de 2011

No dejes nunca


No dejes nunca que nadie sea más referencia ni autoridad para ti que tú mismo. No dejes nunca que te derriben sin argumentos. Aún menos, un sentimiento. No dejes nunca que alguien que no ha vivido lo que tú vives te diga que lo que sientes no tiene sentido. No se te ocurra creer al martes cuando dice que es jueves, ni hacer caso a la tortuga de Sabina cuando te dice que corras; ella no sabe lo que es la velocidad. No dejes nunca que aquellos que te advierten sobre lo que no han descubierto, te impidan llegar a ese mismo descubrimiento. Ignora si te advierten que la tierra virgen es de arenas movedizas, ¿quién la ha pisado?
Tomad nota: no hagáis caso a la gaviota que os dice que no podéis nadar, ni al pez que no podéis respirar. No escuchéis al anciano cuando os diga que no debéis correr. Aunque el anciano sea un anciano y sea en vuestra vida la primera vez que oís a un pez y una gaviota pronunciar algo.


No permitas que nadie te dibuje sus límites en tu dibujo, ni que te imponga sus reglas en tu juego. No permitas que te enjaulen en tu propio cielo. En tu único cielo.
Quienes no llegaron hasta tu horizonte te dirán que no existe. Jamás te des la vuelta ni te cubras con las manos los ojos para evitar verlo.