viernes, 28 de diciembre de 2012

El asalto de Oneiroi


Aguardas como un pirata
escondido
en el delta de mis días.

Cuando el mar se viste de estrellas
y la luna conquista mi barco,
tú asaltas mi silencio
cubierto todo de anhelos.
Y yo, despojada de mí,
inerme en la docilidad

yo te sueño.


viernes, 7 de diciembre de 2012

Yo tenía un gato

Yo tenía un gato blanco de manchas grandes, negras. Le gustaba jugar conmigo, pero a mí me gustaba más jugar con él. Me gustaba tenerlo a mi lado.
Él aprovechaba las ocasiones en las que la puerta de la calle se quedaba abierta y se marchaba. Solía regresar al cabo de unas horas. Otras veces tardaba días, y en alguna que otra ocasión, el muy callejero volvía después de semanas, incluso meses. ¿Qué haría durante todo ese tiempo? ¿Viviría en otras casas en las que le dieran mejor de comer? ¿Tendría otros dueños que ver? ¿A dónde iría? Regresaba con las orejas agujereadas, el pelo lleno de nudos y manchas de grasa, los bigotes retorcidos, el hocico lleno de arañazos... Y a veces, traía el rabo entre las piernas. 
La curiosidad lo lastimaba, pero no parecía importarle. Él salía a buscar respuestas que no podía encontrar en casa. Necesitaba los estímulos de algo distinto, precisaba de los desengaños que le hacían volver y darse cuenta de que era aquí donde quería estar, éste era su hogar.
Me gustaría haberle podido ahorrar todos esos arañazos, todas las noches que pasó a la intemperie o metido en algún motor de coche, anticipándole que finalmente volvería. Pero, aunque me doliese verlo tan maltratado, yo solo podía darle un cuenco de leche y montones de caricias cada vez que regresaba. Aprendí a quererlo cuando estaba conmigo y a esperarlo sin desesperar cuando se iba.
Él era así: un gato caprichoso, callejero, y yo lo había aceptado.


Riña de gatos - Goya


viernes, 16 de noviembre de 2012

Vivir sin salirse del contorno


Isabella Rossellini
Esas palabras que escribieron otros
en una lengua distinta
que miraban desde otros ojos
su mundo en las antípodas.


Esas palabras que alguien necesitó
para darle sentido y forma a su vida

son las que rigen las vidas de aquellos
que no se atrevieron a inventar
las reglas de su propio juego.


Esas palabras tienen un solo dueño
pero son dueñas de muchas vidas.


Y qué manía con ponerle término a los días
con inventar lindes para el tiempo
con retener a los pájaros en vuelo

Y qué manía
con encerrar en palabras la vida
con buscarle los confines al cielo.
Qué empeño.

Lo que no tiene nombre
o no existe o es un sueño.



sábado, 3 de noviembre de 2012

In un buio che notte non è


- No me dejes solo.
- ¿De qué tienes miedo?
- De quedarme a solas conmigo mismo.
- ¿Por qué?
- Porque entonces aparece ella.


jueves, 1 de noviembre de 2012



Pedirte que me comprendas
es quizás no comprenderte
es quizás pedirte
que seas diferente.


miércoles, 24 de octubre de 2012

Demora


Dan las tres y yo camino más lento
cada seis pasos me giro
en cada segundo me entretengo.

Aguardo un momento, me agacho
me ato un zapato, sigo caminando.
Un hombre con bastón me pasa de largo.

Dilato el momento porque solo me queda un reclamo
y la casualidad no necesita pretextos.


sábado, 20 de octubre de 2012

Flâneur



Me miró como miran aquellos que no pueden ver.

I asked him about his life
and he answered me with mine.


martes, 9 de octubre de 2012

Un'altra vita


Sé que he vivido otras vidas
porque tengo recuerdos
nostalgias y melancolías
huérfanas de momentos.


Porque a veces miro atrás el camino
y no encuentro mis huellas.
Distingo constelaciones de estrellas
en el suelo de las tormentas.


Porque tras el silencio digo
dímelo otra vez
y antes de que lo repitas
te digo ya lo sé.


viernes, 5 de octubre de 2012

A sus 21 decidió volver a aprender a caminar


Dicen que aprendió a andar antes que a sentarse. En la playa se resistía a poner los pies sobre la arena: cuando papá la sostenía en volandas para dejarla caer en el suelo, ella encogía las piernas hasta darse en la nariz con las rodillas. 
Mamá la acompañó en su primer día de colegio. Ese día estuvo protegida de la malvada Señorita Tere, a la que tuvo que plantar cara más tarde para que no le cortase las coletas. Las tardes de los jueves merendaba pan y queso en la casa de la abuela: ella se balanceaba en su mecedora mientras en la televisión se oía uno de esos programas de Canal Sur o El gato montés sonando en alguna plaza de toros sevillana: el abuelo no se perdía una. Con su hermana inventó vidas de peluches, subió a tejados hechos de sillones y fueron familia adoptiva de un gato llamado Panchito. Todas las tardes del verano fingían dormir la siesta: se levantaban a hurtadillas y continuaban el juego que habían dejado a medias al mediodía. 
Mamá la enseñó a leer a base de llantos. Cuando la Señorita Paqui la llamó a su mesa para evaluar su lectura se sorprendió: era incapaz de seguirla con el bolígrafo sílaba a sílaba, como hacía con los demás niños. Le obligaban a ponerse vestidos de princesita y aquel jersey de punto hecho por la tita Josefina que tanto detestaba. Pero cuando le dieron la oportunidad de hacer la comunión en vaqueros, no se atrevió a hacerlo. 
Mientras se bañaban y jugaban con el agua y la espuma hasta que se le arrugaban los dedos de las manos, se escuchaba de fondo Sabina, Carlos Cano, Luz Casal, Ana Belén,... O el clásico 'O Sole Mio, tantas veces cantado por papá para hacerlas reír. 
La abuela iba a casa todas las mañanas a las 8.45. Les lavaba la cara con una toalla húmeda, les echaba colonia y después las peinaba para ir al colegio. Papá las despertaba entre tonterías, entre silbidos, gacelas, palomas, golondrinas, perdices... De mil formas las llamaba. Más tarde, metía la caja de la ropa para planchar en su coche rojo, colgaba las camisas en el techo, metía algunas herramientas en el maletero y las llevaba al colegio. Cuando llovía las acompañaba hasta la puerta. 
Por las noches a veces mamá les leía cuentos. Su favorito era aquel en el que una señorita le tejía un abrigo de lana a su casa porque hacía mucho frío. 
En clase intentaba imitar la caligrafía de la María, hasta que un día se rebeló y ya no quiso ser como ella nunca más. 
(...)

To be continued...




martes, 2 de octubre de 2012

sábado, 22 de septiembre de 2012

Al final de la pupa


Estoy nerviosa, ¿cómo lo hacen para salir?
Este insecto no aguanta más dentro de su crisálida.

21: Rosa palo y blanco

Ahora que mi tiempo se llama distinto, quizás me pinte el pelo, me afeite el bigote o me ponga una canción distinta antes de dormir.


miércoles, 12 de septiembre de 2012

jueves, 30 de agosto de 2012

Garabatos en la pared

Hoy había tres niños en la calle. Jugaban a la pelota, cantaban tonterías, gritaban... Y a mí, con el alboroto, ¡no me dejaban estudiar! De repente vi que repararon en la pared. A mí se me cayó el lápiz de las manos. Señalaban en la pintura blanca unos garabatos, desde mi ventana, inapreciables. Movían los dedos una y otra vez recorriendo el dibujo de arriba abajo, describían círculos, se empujaban y discutían entre ellos, preguntándose qué sería. Supongo que, para cuando yo abrí la ventana, la contienda ya llevaba un rato: 

-¡Es un caracol!
-¡Anda ya! Es una piruleta, lo que pasa es que no tiene color. 
-¡Qué va! ¡Es un monigote! Mira, aquí está la cabeza, esos son los brazos y aquí están las piernas. 
-¡No! No puede ser un monigote, ¿no ves esas letras? 
-¿Qué letras?
-Mira, ¡ahí!
-¿Y qué dice?

Igual que antes, me sigue dando miedo acercarme para ver qué dice. 
No quiero que la dueña de la casa piense que he sido yo.


viernes, 10 de agosto de 2012

Rincones sin bandera


Acurrucada en la flexión del brazo
al cubrir los ojos con las manos.
En la sombra en el suelo
que pasea despacio
de las nubes, en el cielo,
mecidas por el viento.

Me refugio en principios.
En índices, en prólogos
en amaneceres y despertares
en Buenos días, en Dear Karot
en las calles secas antes de la tormenta
y en el olor mojado de los adoquines
justo antes de que salga el Sol.
En las dudas antes del almuerzo
¿qué comemos hoy?
En los nervios, la incertidumbre
los augurios, la sorpresa.
En el signo de interrogación
que mira al cielo
cómo libres vuelan
los pájaros que aún no dejaron
que con sus plumas
se escribiera una canción.

Melodía Africana II - Ludovico Einaudi


lunes, 30 de julio de 2012

Por ellos

Puedo confesar que ya no recordaba su nombre, ni la manera en que llevaba el pelo, ni cuál era su estatura, ni su olor, ni su forma de andar. Pero sí esos ojos. Cómo olvidar aquellos ojos, que hoy me miraban por duplicado. Y no lo hacían como siempre habían hecho: sonriéndome a lo lejos, con curiosidad, mientras yo huía con las mejillas sonrosadas. Hoy proyectaban en mí su último suspiro de esperanza. Y esta vez yo no escapé. De repente habíamos crecido -o yo, al menos- mucho más del tiempo que realmente había pasado. Y me encontré detrás del telón, sosteniéndole la mirada y diciéndole con la mía: te lo prometo. 


viernes, 20 de julio de 2012

No soy somnífero ni virus
ni antídoto ni cafeína.
No soy el Sol y tampoco 
la sombra de la encina.
No soy la excusa de la desidia
ni el motivo de la energía.
No soy pretexto
ni causa ni efecto
de otra cosa que mi celo.



martes, 17 de julio de 2012