domingo, 1 de septiembre de 2013
viernes, 30 de agosto de 2013
Amar y ser amado
Que el destierro de uno mismo
sea el hogar de un exiliado.
Que los ojos que buscan
su reflejo en otros ojos
no den dolor de cuello.
Vivir como monarca
y campesino a un tiempo.
No todo el mundo sabe hacerlo.
sea el hogar de un exiliado.
Que los ojos que buscan
su reflejo en otros ojos
no den dolor de cuello.
Vivir como monarca
y campesino a un tiempo.
No todo el mundo sabe hacerlo.
lunes, 3 de junio de 2013
martes, 7 de mayo de 2013
sábado, 4 de mayo de 2013
Meteoro
Estar contigo
es trazar líneas en un mapa
que originan efemérides.
Hacer del tiempo un planisferio
atestado de isobaras
que segmentan los momentos
en ínfimos instantes.
Y están tan juntas
y son tantas
que sopla fuerte el viento
revolviendo mis principios,
tambaleando los cimientos
de mi adarve de papel.
martes, 2 de abril de 2013
De un tac un bis
Me daba la sensación de que me quitaban la vida por ese agujero en el techo, esa chimenea sin llamas con una puerta que da al cielo. Una absurda puerta. ¿Es que a caso puede tener el humo la opción de no escapar del fuego? O lo que es más importante, ¿puede no querer hacerlo?
Y por si no fuera suficiente, el tac-tac-tac de la lluvia disipando cualquier posible duda que pudiese yo tener de su presencia. ¿Habrá cesado ya? Y un tac-tac-tac arrebatando a mi pregunta su carácter de retórica; espantando un tímido, lejano, remoto acercamiento de Apolo al lecho, que cada mañana se manifestaba en ausencia. Y en mi sueño el castigo de la certeza a golpe de tambor en el cristal: tac-tac-tac.
Llueve. Llueve y mi techo se desangra, y yo con él sin saberlo. Llueve y el cielo parece haber sustituido la luz celestial del día por un fuego infernal en las noches. Y es este pozo pues, una chimenea del revés: la combustión está afuera.
Y yo, como una bruja con sus recetas, busqué un amnésico nocturno: hallar en la música una canción capaz de camuflar el tac-tac-tac del tambor. Y soñar con cuatro violines, un violonchelo e anche un piano de cola. Pero nada de tambores. Que no es agua, que es música calada.
Que no es agua.
Y como quien se corta el pelo para empezar de nuevo, remé con mi música a otra parte: unos metros más al este de la stanza.
Ahora por fin lo he comprendido. Esa puerta absurda estaba para que yo, por miedo a que algo pudiese ocurrirme, la tuviese siempre cerrada, con llave. La trampa es que me hallaba dentro y no fuera de ella.
Yo, custodia de mi yugo, alcaide de mi jaula.
jueves, 28 de marzo de 2013
domingo, 24 de marzo de 2013
jueves, 28 de febrero de 2013
domingo, 24 de febrero de 2013
Después del último
Cuando no queda más
que el último trago
estás tú
-pequeño
minúsculo
insignificante-
en el fondo del vaso.
viernes, 15 de febrero de 2013
Qué pasará mañana
Verte
saltar me ha recordado que yo también lo hacía. Mañana siempre saltaba.
¿No
te da la sensación de que esta casa da la espalda al mundo? Como si estuviera
castigada, de cara a la pared. Pero aunque tenga que rodearla para volver al
planeta en el que vivo, prefiero pensar que casi tiene vistas al mar. Si no
fuese por el edificio de enfrente, ese que parece haber echado a las botas de
casa y ahora pasan frío en la ventana. Y por unos cuantos kilómetros. Unos cuatrocientos
ochenta, aproximadamente. Ochenta es una buena edad para morir. Ochenta es el
número que uso para convertir en gigantes las cosas. Dicen que los andaluces
tenemos ese afán, que vivimos en casas blancas y que por guantes usamos
castañuelas. Es mentira. Si usase guantes, aunque fuesen hechos de
madera, ahora no tendría las manos cortadas. Cortadas como cuando Luis se frota
las manos encogido de hombros o Mar se rasca la nuca sin que le pique. A penas
me acuerdo de aquello. Pero hoy te dejaste el olor por aquí; ese de color azul
con mezcla de cigarrillos. Por qué tiene que estar tan repetido. ¿Lo esparciste
como esporas hasta por aquellos lugares en los que nunca estuviste? Es molesto
a veces. No, siempre es molesto. Porque entonces frena en seco la vida y yo
salgo despedida del instante sin quererlo. ¿Y arreglarás tú eso? Porque tú
nunca tiras nada cuando se rompe. Yo tampoco si tengo una aguja, hilo y algo de
pena. Pero toda pena tiene remedio, excepto la de muerte. Ochenta es una buena
edad para morir.
¿Qué?
¿Que con quién hablo? ¿Es que estaba
escuchando? Esto es vergonzoso… y usted un desvergonzado. Yo jamás entro en la
cocina cuando la abuela se susurra a sí misma. Y si no hay más remedio piso más
fuerte, haciendo ruido al andar. No, no es que ahora vaya descalza. Hace mucho
que no se me oye porque hace meses que no me levanto.
Pero
me he comprado unas botas nuevas. Y suenan.
Esto se ha terminado.
Esto se ha terminado.
viernes, 28 de diciembre de 2012
El asalto de Oneiroi
Aguardas como un pirata
escondido
en el delta de mis días.
Cuando el mar se viste de estrellas
y la luna conquista mi barco,
tú asaltas mi silencio
cubierto todo de anhelos.
Y yo, despojada de mí,
inerme en la docilidad
yo te sueño.
viernes, 7 de diciembre de 2012
Yo tenía un gato
Yo tenía un gato blanco de manchas grandes, negras. Le gustaba jugar conmigo, pero a mí me gustaba más jugar con él. Me gustaba tenerlo a mi lado.
Él aprovechaba las ocasiones en las que la puerta de la calle se quedaba abierta y se marchaba. Solía regresar al cabo de unas horas. Otras veces tardaba días, y en alguna que otra ocasión, el muy callejero volvía después de semanas, incluso meses. ¿Qué haría durante todo ese tiempo? ¿Viviría en otras casas en las que le dieran mejor de comer? ¿Tendría otros dueños que ver? ¿A dónde iría? Regresaba con las orejas agujereadas, el pelo lleno de nudos y manchas de grasa, los bigotes retorcidos, el hocico lleno de arañazos... Y a veces, traía el rabo entre las piernas.
La curiosidad lo lastimaba, pero no parecía importarle. Él salía a buscar respuestas que no podía encontrar en casa. Necesitaba los estímulos de algo distinto, precisaba de los desengaños que le hacían volver y darse cuenta de que era aquí donde quería estar, éste era su hogar.
Me gustaría haberle podido ahorrar todos esos arañazos, todas las noches que pasó a la intemperie o metido en algún motor de coche, anticipándole que finalmente volvería. Pero, aunque me doliese verlo tan maltratado, yo solo podía darle un cuenco de leche y montones de caricias cada vez que regresaba. Aprendí a quererlo cuando estaba conmigo y a esperarlo sin desesperar cuando se iba.
viernes, 16 de noviembre de 2012
Vivir sin salirse del contorno
![]() |
| Isabella Rossellini |
Esas palabras que escribieron otros
en una lengua distinta
que miraban desde otros ojos
su mundo en las antípodas.
Esas palabras que alguien necesitó
para darle sentido y forma a su vida
son las que rigen las vidas de aquellos
que no se atrevieron a inventar
las reglas de su propio juego.
Esas palabras tienen un solo dueño
pero son dueñas de muchas vidas.
Y qué manía con ponerle término a los días
con inventar lindes para el tiempo
con retener a los pájaros en vuelo
Y qué manía
con encerrar en palabras la vida
con buscarle los confines al cielo.
Qué empeño.
Lo que no tiene nombre
o no existe o es un sueño.
sábado, 3 de noviembre de 2012
In un buio che notte non è
- No me dejes solo.
- ¿De qué tienes miedo?
- De quedarme a solas conmigo mismo.
- ¿Por qué?
- Porque entonces aparece ella.
miércoles, 24 de octubre de 2012
Demora
Dan las tres y yo camino más lento
cada seis pasos me giro
en cada segundo me entretengo.
Aguardo un momento, me agacho
me ato un zapato, sigo caminando.
Un hombre con bastón me pasa de largo.
Dilato el momento porque solo me queda un reclamo
y la casualidad no necesita pretextos.
sábado, 20 de octubre de 2012
martes, 9 de octubre de 2012
Un'altra vita
Sé que he vivido otras vidas
porque tengo recuerdos
nostalgias y melancolías
huérfanas de momentos.
Porque a veces miro atrás el camino
y no encuentro mis huellas.
Distingo constelaciones de estrellas
en el suelo de las tormentas.
Porque tras el silencio digo
dímelo otra vez
y antes de que lo repitas
te digo ya lo sé.
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