domingo, 23 de octubre de 2016
viernes, 3 de junio de 2016
Morir hoy para vivir mañana
La macchina se rompió al mismo tiempo que nosotros. Quizás me has hecho un agujero que no podré llenar jamás. Y ahora
el masoquismo de la geografía, la ironía de las fechas y el tiempo y los aniversarios de tantas primeras cosas, la casualidad vestida de comillas, tu nombre haciéndose dueño de las calles y de los bares y de la frente de algunas personas. Recuerdos que no quieren tener arrugas, mensajes que no borré, la llave que dejé en el bar, la servilleta que tenía mi nombre, un zapato en el frigorífico, una baldosa rota en la cocina, las ganas de estar solos en el indio, las lágrimas bajo la tierra. Ayer es un pájaro que quiere ser fénix sin tener alas. Ayer por todas partes, ayer fue precioso, ayer en el espejo, ayer desde la butaca del cine, ayer de madrugada. Ayer duró poco.
Ayer soy yo y me duele.
Ayer no puede ser mañana.
el masoquismo de la geografía, la ironía de las fechas y el tiempo y los aniversarios de tantas primeras cosas, la casualidad vestida de comillas, tu nombre haciéndose dueño de las calles y de los bares y de la frente de algunas personas. Recuerdos que no quieren tener arrugas, mensajes que no borré, la llave que dejé en el bar, la servilleta que tenía mi nombre, un zapato en el frigorífico, una baldosa rota en la cocina, las ganas de estar solos en el indio, las lágrimas bajo la tierra. Ayer es un pájaro que quiere ser fénix sin tener alas. Ayer por todas partes, ayer fue precioso, ayer en el espejo, ayer desde la butaca del cine, ayer de madrugada. Ayer duró poco.
Ayer soy yo y me duele.
Ayer no puede ser mañana.
martes, 31 de mayo de 2016
L'amavo, insomma. Ed ero infelice. Ma come lei avrebbe mai potuto capire questa mia infelicità? Ci sono quelli che si condannano al grigiore della vita più mediocre perché hanno avuto un dolore, una sfortuna; ma ci sono anche quelli che lo fanno perché hanno avuto più fortuna di quella che si sentivano di reggere.
Ya no abrazo la almohada mientras duermo.
10 días para (mi) mayo.
La nuvola di smog, Italo Calvino
Ya no abrazo la almohada mientras duermo.
10 días para (mi) mayo.
sábado, 21 de mayo de 2016
domingo, 6 de marzo de 2016
Por un espejo roto lleno de agujeros.
Hoy un amanecer se quedó esperándome detrás de la ventanilla de un avión. Un montón de plazas y calles y rincones fueron convocados a ver un beso con nariz de madera, que nunca llegó. Se ahogaron las palabras que tenía en la boca porque no tuvieron aire que habitar y ahora, ¿qué hago con las horas que me metí en el bolsillo para tenerlas de más? ¿cómo hago para colgar las medallas en el traje del emperador?
No sonarán las canciones de Sabina mientras un coche atraviesa la Toscana, ni las palomas de la torre de Pisa tendrán quien las fotografíe mientras duermen, ni las aguas del Arno reflejarán los fantasmas de Venecia.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
viernes, 15 de mayo de 2015
jueves, 7 de mayo de 2015
domingo, 3 de mayo de 2015
Gracias
Gracias
por el aroma del mar, por las viejas pirata llenas de tatuajes, por los niños que no saben hablar pero saben decirlo todo. Por los señores en calzoncillos que limpian sus barcas en el puerto, por la bonaccia, por las historias de la gente que no tuvo miedo, por las luciérnagas que bajan el cielo a la tierra, por los relámpagos rojos de la tormenta, por la gente que ama lo que hace, por la gente que te ama, por la vieja que nos trajo dos botellas de agua y una de vino, por el tipo que se creía mejor que di Caprio, porque fuimos los últimos en irnos, por las fotos de otra época, por la luz del amanecer que me perdí pero me describiste con detalle, por el amigo comunista del fascista, por dejarme imaginar que pilotaba tu barca, aunque estuviese sobre la hierba, por el perro que me dejó el pantalón lleno de babas a pesar de que no quise jugar con él, por Teresa, a la que dan fastidio las moscas; por todas las veces que Tomy bajó por el tobogán, por los tres niños que llevaban una flor en alto para sus madres, por el vino, por la grappa, por el limoncello, por el Blood Mary, por querer llevar mi fegato a tu altura, por todas las películas que no he visto, por leerme en voz alta las poesías de Carver, (ahora no me gustan tanto cuando las leo sola) por la siesta mexicana, por reencontrarme en ti, por hacer que me recuerde.
PS: E grazie per non essere andati al Leroy Merlin.
por dejarme conocer parte de lo que hubo antes de que yo llegase.
por el aroma del mar, por las viejas pirata llenas de tatuajes, por los niños que no saben hablar pero saben decirlo todo. Por los señores en calzoncillos que limpian sus barcas en el puerto, por la bonaccia, por las historias de la gente que no tuvo miedo, por las luciérnagas que bajan el cielo a la tierra, por los relámpagos rojos de la tormenta, por la gente que ama lo que hace, por la gente que te ama, por la vieja que nos trajo dos botellas de agua y una de vino, por el tipo que se creía mejor que di Caprio, porque fuimos los últimos en irnos, por las fotos de otra época, por la luz del amanecer que me perdí pero me describiste con detalle, por el amigo comunista del fascista, por dejarme imaginar que pilotaba tu barca, aunque estuviese sobre la hierba, por el perro que me dejó el pantalón lleno de babas a pesar de que no quise jugar con él, por Teresa, a la que dan fastidio las moscas; por todas las veces que Tomy bajó por el tobogán, por los tres niños que llevaban una flor en alto para sus madres, por el vino, por la grappa, por el limoncello, por el Blood Mary, por querer llevar mi fegato a tu altura, por todas las películas que no he visto, por leerme en voz alta las poesías de Carver, (ahora no me gustan tanto cuando las leo sola) por la siesta mexicana, por reencontrarme en ti, por hacer que me recuerde.
PS: E grazie per non essere andati al Leroy Merlin.
por dejarme conocer parte de lo que hubo antes de que yo llegase.
martes, 24 de marzo de 2015
La camisa azul colgada en la puerta, encima de la toalla que no quiso usar el primer día.
Cosa fai?
Guardo le tue scarpe mentre ascolto la tua musica.
Podía imaginar que se perdería, pero no en el aparcamiento. Lo encontré porque me dijo que estaba debajo del reloj gigante. Y porque reconocería ese modo de caminar en cualquier parte. Pero hubiera preferido que el reloj no funcionase.
Él seguía cubriéndose los ojos con las manos. A veces encierra la verdad en una cajita de cristal, desde donde la observa, pero le resulta más ficticia. Yo tampoco quise abrirla.
Hoy no encuentro mi canción, ni mi texto. Solo el sueño.
jueves, 26 de febrero de 2015
martes, 5 de agosto de 2014
sábado, 12 de julio de 2014
El último vagón
Por evitar cortar la cuerda que sujetaba el ancla anudé, sin darme cuenta, mi propia brida al último vagón de un tren. Me acostumbré sin quererlo a estar yéndome siempre. A tener tan solo unos segundos para conocer lo que me rodeaba y ver que se hacía siempre más pequeño. En el último vagón todo se aleja, y cuando a penas has tenido tiempo de amar, aquello ya forma parte del horizonte, condenado a desaparecer.
Al estar constantemente in partenza, me fui desprendiendo a trocitos. Me dejé en las copas de los árboles más altos, pues eran las últimas en desvanecer; en las aves que volaban a gran altura; en las flores que crecían a los flancos de mi vía cuando no serpenteaba; en cada horizonte que se extinguió para dar su paso a otro. Me dejé en todo aquello que amé.
Pues partir, antes que marcharse o caminar, es dejar una mitad.
Era por todo esto, quizás sin saberlo, que evitaba cortar la cuerda del ancla de mi barco. ¿Dónde íbamos a navegar? ¿Acaso cabe un océano en un simple vagón de tren?
Y lo supe en las noches juntos sobre los techos de la ciudad: aquel cielo oscuro, único cómplice de nuestro deambular, jamás desaparecería con el horizonte. Podía levar el ancla e izar las velas, el agua siempre reflejaría las mismas estrellas sin tener que despedir ni una sola de sus constelaciones.
Desde entonces continúo en el último vagón. Aún me estoy yendo, pero ahora tan solo tengo que esperar al ocaso para alzar la vista al cielo y tener la certeza de que estamos navegando.
martes, 15 de abril de 2014
La Victoria de Zarauz
Al mismo pirata que en la noche
asaltaba mi barco.
Llueve
y el sol no puede alcanzar
el agua
del mar que está irritado
porque ya no lo miras
a los ojos.
Mírame,
estoy aquí
apoyada en el mástil
de tu barco.
Tengo las alas mojadas
de la tempestad.
Soy una gaviota
que quiere quedarse en tu nave
sin llegar a ser tripulación.
Quiero -y solo puedo-
ser testigo
espejo y
reflejo
de tu pulso.
Y gritarte desde el mástil
de tu vela
Quédate,
puedo ver dónde acaban las nubes.
Quédate,
no desembarques
a tu nao le crecen las alas.
Quédate,
yo me quiero quedar
a girar el mundo
contigo
yo me quedo.
viernes, 17 de enero de 2014
No me cales todavía
Hoy he salido de casa
y me he dicho: no mires arriba. Has
llegado al fin, nimbo. Nimbo, te sabía tan lejos y ahora estás tan cerca… No sé
si salir a correr antes de que te precipites, rendirme en mitad de una plaza a fundirme con
los charcos o esconderme bajo un techo absurdo que no me protegería de saberte.
Nimbo, has venido a quedarte, ¿verdad? A traerme el sabor de las antípodas, a levantarme
las ciudades dormidas, a confundir de estación mis golondrinas. Cuéntame cómo
has hecho para despertar al insomne, cómo has resucitado al vivo, Nimbo, ¿cómo
me has recordado lo que jamás se me olvidó?
Si de veras has venido a mojarme, Nimbo, dime, ¿me sumergirás hasta el mar? Hasta que logre respirar en el agua como un
pez. Dime, ¿veremos las criaturas de la oscuridad? Los continentes perdidos, los
animales sin nombre, la tierra más profunda, la verdad.
Nimbo, espera. Aún no tengo el barco listo, no puedo zarpar contigo. Me
falta la tripulación.
martes, 14 de enero de 2014
Yo, Ana
Si alguna vez
lo inmanente
dejara de serlo
y en una de mis carreras
se me extraviase
el miedo,
¿qué sentido tendría
continuar?
Mi miedo es mío.
Inherente.
Aguijón.
No es más que
la conciencia de que
existe el lugar equivocado,
la certeza de
poderme tropezar.
No merece la pena
un vuelo
sin vértigo.
Mi miedo es mío.
Inherente
Aguijón.
El hambre
la sed
las ganas
el despertador.
Este es mi miedo,
el despertador.
Este es mi miedo,
mío
y de nadie más.
miércoles, 11 de diciembre de 2013
Agosto del 79
Hemos entrado en erupción. Y a pesar de que el miedo no llega nunca a ser pánico, aquí estoy, ferma, en el regazo del Vesubio. No temo al fuego: calienta pero no me abrasa. Es que aún recela el corazón de contagiarse de las llamas.
Pero podría ser partícipe de la explosión. Podría fundirme con su magma y jugar a ser un río entretenido que no llega jamás al mar. Elevarme al fin al reino de las aves, alterar el azul del cielo, volar como nube negra y ser todas las figuras que imaginé siendo espectadora tumbada en la hierba. Podría ser dueña de mis formas y al cansarme de las alturas precipitarme en mil partículas de ceniza. Quedar suspendida como mota a merced del viento, esparcirme por el mundo y vivir en millones de sitios al mismo tiempo.
¿Pero y después? ¿Querría ser roca cuando todo se enfriase? ¿Quién vendría entonces a derretirme, a brindarme el milagro del movimiento?
¿Te quedarías para siempre conmigo, a la espera de la otra vida?
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