viernes, 15 de mayo de 2015

Solo yo sé
por qué llueve hoy.
Las calles de Bolonia
quieren ser las de Venecia.
Yo, y las golondrinas que volaban bajo
esta mañana.

jueves, 7 de mayo de 2015


ME ha encontrado en la calle
el espejo que falta en mi habitación.
Mide dos metros de alto
y me recuerda que yo también los mido.

Vuelve a ser mayo de 2012.

jueves, 26 de febrero de 2015


Por qué no me atreví a quebrantar tus palabras
si yo tampoco creía en las mías.
Nos dimos la rienda tan suelta
que nada nos ha legado. 


miércoles, 25 de febrero de 2015

Desde África a Ecuador


Has encontrado la gruta
donde se esconde una golondrina
con corazón de tayo.
Volaré contigo cuando baje los brazos
y deje de estar
en guardia.


martes, 3 de febrero de 2015



Y sin embargo
me hubiera quedado años
en el amanecer de todos los días
que decidí no vivir
contigo.



sábado, 12 de julio de 2014

El último vagón


Por evitar cortar la cuerda que sujetaba el ancla anudé, sin darme cuenta, mi propia brida al último vagón de un tren. Me acostumbré sin quererlo a estar yéndome siempre. A tener tan solo unos segundos para conocer lo que me rodeaba y ver que se hacía siempre más pequeño. En el último vagón todo se aleja, y cuando a penas has tenido tiempo de amar, aquello ya forma parte del horizonte, condenado a desaparecer.


Al estar constantemente in partenza, me fui desprendiendo a trocitos. Me dejé en las copas de los árboles más altos, pues eran las últimas en desvanecer; en las aves que volaban a gran altura; en las flores que crecían a los flancos de mi vía cuando no serpenteaba; en cada horizonte que se extinguió para dar su paso a otro. Me dejé en todo aquello que amé.
Pues partir, antes que marcharse o caminar, es dejar una mitad.

Era por todo esto, quizás sin saberlo, que evitaba cortar la cuerda del ancla de mi barco. ¿Dónde íbamos a navegar? ¿Acaso cabe un océano en un simple vagón de tren?

Y lo supe en las noches juntos sobre los techos de la ciudad: aquel cielo oscuro, único cómplice de nuestro deambular, jamás desaparecería con el horizonte. Podía levar el ancla e izar las velas, el agua siempre reflejaría el mismo cielo sin tener que despedir ni una sola de sus constelaciones.

Desde entonces continúo en el último vagón del tren. Aún me estoy yendo, pero ahora tan solo tengo que esperar al ocaso para alzar la vista al cielo y tener la certeza de que estamos navegando. 





martes, 15 de abril de 2014

La Victoria de Zarauz


Al mismo pirata que en la noche
asaltaba mi barco.

Llueve
y el sol no puede alcanzar
el agua
del mar que está irritado
porque ya no lo miras 
a los ojos.
Mírame,
estoy aquí
apoyada en el mástil
de tu barco.
Tengo las alas mojadas
de la tempestad.
Soy una gaviota
que quiere quedarse en tu nave
sin llegar a ser tripulación.
Quiero -y solo puedo-
ser testigo
espejo y
reflejo
de tu pulso.
Y gritarte desde el mástil
de tu vela
Quédate,
puedo ver dónde acaban las nubes.
Quédate,
no desembarques
a tu nao le crecen las alas.
Quédate,
yo me quiero quedar
a girar el mundo
contigo
yo me quedo.