martes, 15 de abril de 2014

La Victoria de Zarauz


Al mismo pirata que en la noche
asaltaba mi barco.

Llueve
y el sol no puede alcanzar
el agua
del mar que está irritado
porque ya no lo miras 
a los ojos.
Mírame,
estoy aquí
apoyada en el mástil
de tu barco.
Tengo las alas mojadas
de la tempestad.
Soy una gaviota
que quiere quedarse en tu nave
sin llegar a ser tripulación.
Quiero -y solo puedo-
ser testigo
espejo y
reflejo
de tu pulso.
Y gritarte desde el mástil
de tu vela
Quédate,
puedo ver dónde acaban las nubes.
Quédate,
no desembarques
a tu nao le crecen las alas.
Quédate,
yo me quiero quedar
a girar el mundo
contigo
yo me quedo.



viernes, 17 de enero de 2014

No me cales todavía

Hoy he salido de casa y me he dicho: no mires arriba. Has llegado al fin, nimbo. Nimbo, te sabía tan lejos y ahora estás tan cerca… No sé si salir a correr antes de que te precipites,  rendirme en mitad de una plaza a fundirme con los charcos o esconderme bajo un techo absurdo que no me protegería de saberte. Nimbo, has venido a quedarte, ¿verdad? A traerme el sabor de las antípodas, a levantarme las ciudades dormidas, a confundir de estación mis golondrinas. Cuéntame cómo has hecho para despertar al insomne, cómo has resucitado al vivo, Nimbo, ¿cómo me has recordado lo que jamás se me olvidó? 

Si de veras has venido a mojarme, Nimbo, dime, ¿me sumergirás hasta el mar?  Hasta que logre respirar en el agua como un pez. Dime, ¿veremos las criaturas de la oscuridad? Los continentes perdidos, los animales sin nombre, la tierra más profunda, la verdad.


Nimbo, espera. Aún no tengo el barco listo, no puedo zarpar contigo. Me falta la tripulación.


martes, 14 de enero de 2014

Yo, Ana




Si alguna vez
lo inmanente
dejara de serlo
y en una de mis carreras
se me extraviase
el miedo,
¿qué sentido tendría
continuar?
Mi miedo es mío.
Inherente.
Aguijón. 
No es más que
la conciencia de que
existe el lugar equivocado,
la certeza de
poderme tropezar.
No merece la pena
un vuelo
sin vértigo.
Mi miedo es mío.
Inherente
Aguijón.
El hambre
la sed
las ganas
el despertador.
Este es mi miedo,
mío
y de nadie más.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Agosto del 79


Hemos entrado en erupción. Y a pesar de que el miedo no llega nunca a ser pánico, aquí estoy, ferma, en el regazo del Vesubio. No temo al fuego: calienta pero no me abrasa. Es que aún recela el corazón de contagiarse de las llamas.
Pero podría ser partícipe de la explosión. Podría fundirme con su magma y jugar a ser un río entretenido que no llega jamás al mar. Elevarme al fin al reino de las aves, alterar el azul del cielo, volar como nube negra y ser todas las figuras que imaginé siendo espectadora tumbada en la hierba. Podría ser dueña de mis formas y al cansarme de las alturas precipitarme en mil partículas de ceniza. Quedar suspendida como mota a merced del viento, esparcirme por el mundo y vivir en millones de sitios al mismo tiempo.

¿Pero y después? ¿Querría ser roca cuando todo se enfriase? ¿Quién vendría entonces a derretirme, a brindarme el milagro del movimiento?
¿Te quedarías para siempre conmigo, a la espera de la otra vida?



domingo, 27 de octubre de 2013




La noche es un lugar virgen de convención. Ocho horas ininterrumpidas de libertad. Tiempo sin esterilizar que aún sobrevive al riesgo de ser desbaratado. Es el pasar desnudo de la vida, la cara silvestre de los días.
La noche es la selva en la que habitan los sueños. Deseos reprimidos, secretos inconfesables, pensamientos bochornosos. El hombre sin máscara ni presunción. La muerte de la fatuidad.
La noche es un escenario construido de silencio cuyos artistas son los sonidos que ahogamos por el día. Una orquesta de goteos de grifo, pisadas de gato y cantos de grillo. Un desfile de pijamas, la caída de los estratos. Porque en la noche ronca el príncipe y ronca el mendigo.
La noche es el terreno ideal para inventar las reglas que infringimos con una pena diseñada a medida. Porque en la noche todos los trajes quedan bien, no porque sean perfectos: porque nadie nos ve.
Es por todo esto que me retiro a la noche. Porque no hacen falta licencias ni títulos para ser bailarina profesional de pasodoble.



sábado, 5 de octubre de 2013

Coger un tren con los ojos cerrados




He puesto los cimientos de esta casa en el tejado. El resultado desafía las leyes de la lógica: los pilares se construyen de manera absurda, pues ¿qué sentido tiene crecer si el punto de partida es el lugar más alto al que se puede llegar? 

Me he subido a lomos de un caballo que aún está por domar, con el cual deambulo por la ciudad todavía sin poder prestarle demasiada atención a las calles. Para edificarme he escogido, como material, el légamo del Nilo: hace ya mucho que me rendí al viento. Como esbozo llevo los recuerdos, un par de canciones y una testiera. Para evitar el extravío porto una brújula que señala al sur, aunque sentirme perdida es también parte del juego. En la puerta de un ángel están los espejos donde me miro y reconozco: son de carne y hueso. Y en el aleteo de aquella mariposa, en la raíz última de los momentos en los que me detengo un instante a concebir el cómo, el cuándo, el por qué, en esa especie de gioia que despide ahora mi tiempo, encuentro una deuda que no sabré jamás pagar. Rex. Y aquí, en cada rincón anécdotas que jamás sucedieron, pero las había imaginado tanto... que existieron.




viernes, 30 de agosto de 2013

Que el destierro de uno mismo
sea el hogar de un exiliado.
Que los ojos que buscan
su reflejo en otros ojos
no den dolor de cuello.
Vivir como monarca
y campesino a un tiempo.
Amar y ser amado
en el mismo reino.
No todo el mundo sabe hacerlo.